Quitaraju:
Recuperados del Vallunaraju cuadramos un nuevo encuentro con una montaña
que nos pusiera a prueba y nos llevara más allá del límite;
optamos por este 6,040 metros (19,630'snm). El Quitaraju por la vía
normal de su cara norte nos ofrecía una imponente pared de 700 metros
de hielo con una inclinación
máxima
hasta
los
70 grados, una pared de más de 8 largos de cuerda de categoría Difícil
inf. Reunimos
toda la información oral y escrita sobre el Quitaraju (que no era mucha
y precisa),
especialmente
sobre
la ruta
y los
accesos; ir con un guía de montaña no era nuestra opción
ni deseo. Aún así cuando uno se sumerge en la inmensidad nunca
hubo suficiente información,
es aquí donde tu inventiva, arte y escuela se funden juntas. Confiamos
en que la ruta estaría marcada por la huella, junto a las protecciones
en hielo de los pasados montañer@s y que el clima mejoraría con
la luna llena; también nos
confiamos
de que el
Orden
Universal conspiraría a nuestro favor como siempre. Nos preparamos
para 5 a 7 días de expedición: comida balanceada (¡que
peeesa!), cuerpos bien estirados, más o menos descansados, y sobre todo
mentes tranquilas y energía positiva.
Comienza nuestra travesía por el Cañón de Santa Cruz
desde un poblado llamado Cashapampa a los 3,000 metros snm. Allí conseguimos
arriero y burro para llegarles de corrido al Campamento Base a 4,300 metros
snm, pasando por Llamacoral y
ahorrarnos
un día.
Vista del Cañón en un momento despejado.
Laguna Jatuncocha a 3,800 metros.
Llegamos al valle del Campo Base en un día con las nubes bien cargadas.
Para estas fechas de mediados de septiembre se marca el fin de la temporada
de
alta montaña. Las condiciones climatológicas suelen ponerse muy
inestables dominando los días lluviosos y con nieves blandas, las grietas
comienzan a ensancharse y los puentes de hielo a ponerse muy dudosos. Ya se
fueron los
días fríííos del invierno donde la ruta esta marcada,
el hielo esta duro y el cielo despejado. En el Campamento Base se ubica un
refugio vacío donde permanecimos
todo el día segundo, esperando que las lluvias y nevadas disminuyeran
y se despejara el glacial que apenas podíamos contemplar. Al fondo
vistas de la
morrena y el Alpamayo por la cara
sureste.
Pasado el Campamento Morrena comenzó nuestro ascenso del glacial hacia el
Campamento 1 de Alpamayo-Quitaraju. Ascender hasta el Camp. Morena a 4,900
metros nos drenó mucha energía y tiempo valioso para completar la travesia
de la llamada Abra o Col (5,300 metros)hasta el C1. Durante este paso podíamos
seguir los rastros de unas huellas que nos indicaban el rumbo.
A menos de 100 metros no tuvimos tiempo para cruzar
el paso a 5, 300 metros (Col) hacia el Campamento. Tuvimos que hacer nuestro
propio albergue en la pendiente de nieve al lado de una profunda grieta y un
dudoso
puente
inclinado.
Luego de 18 horas de intensidad continua pudimos conciliar el sueño, mejor
dicho un helado y lento descanso hasta el amanecer. El bivouvac fue un éxito,
amanecimos vivos y sin ninguna extremidad congelada, pero con las reservas
de energías bien bajas. ¡No es fácil pero se puede!
Vista clara a la mañana siguiente. Desayunamos y continuamos nuestro
camino-ascenso. Tomamos la decisión correcta en pernoctar. Apesar de que el
tramo era corto con 50 libras en las espaldas escalando casi sin protección
a 60 grados, hay que estar bien en forma y descansado.
Llegamos a Campamento 1, apreciando al Alpamayo de su mejor cara. Catalogada
por algunos como la montaña más linda del mundo. Esta montaña
no solo te hipnotiza si no que te invita a subir por sus corredores, pero con
paciencia y empeño el futuro nos pondrá de frente, otra vez...
Armando en traverso, ya instalados en la pared directo hacia la cima.
Se está haciendo tarde. Sin nada de huellas y sin ninguna protección
fija en la pared, todo ocurría a otro ritmo más lento. Aquí el tiempo se puede
traducir a Vida, y el clima hacia nos lo revelaba. Lo que debió ser una escalada
nocturna se tradujo a un episodio mañanero hasta la tarde. Navegar por el glacial
sin nada de huella dentro de una inmensidad plateada te puede llevar a dar
muchas vueltas sin destino llena de obstáculos ocultos y profundos. ¿Llegaremos?
Atardecer desde el Quitaraju en nuestra propia cima a 5,800 metros. Ya todas
las alarmas interiores se habían activado, a las 3:00 pm aún pegados en la
pared a menos unos 250 metros de la cumbre tuvimos que aceptar nuestro destino
y despedirnos de la cima. Entender que llegamos al límite de nuestro esfuerzo,
canalizar nuestra energía y coraje para que nos permitiera encontrar los medios
seguro para descender.
Logramos escalar 6 largos de cuerda hasta
casi el tope del macizo de rocas central. Todo lo que sube baja, comenzamos
nuestro descenso a las 3pm y llegamos
de vuelta a la carpa a la 1:12 de la madrugada. Casi al 0 de nuestras reservas
energéticas y con un punto de congelación el los dedos de los pies, poco a
poco y ofreciéndonos mucho ánimo, lo logramos. Nuestra altura máxima
fue alrededor de los 5,800 metros.
Rompimos la barrera de las 24 horas de esfuerzo continuo, lo que nos recargo
de ánimo al día siguiente al entender que dimos el todo por el todo aceptando
las consecuencias. No logramos cumbre pero la montaña
nos dio lecciones para la vida
que nunca olvidaremos. ¡Gracias a la Vida por este regalo y a la Muerte por
no echarnos su misterioso manto aún!
Cruzando una de las grietas más profundas en un puente trivial. De
regreso al Campamento Base..
Continuamos nuestro descenso a través del Col.
¡Al fin secos y en pura roca en el Campamento Base!
En el Campamento Base, a 7 días desde el inicio de la expedición
conseguimos arriero y burro para la vuelta a Cashapampa. ¡Que suerte!
Algunas vistas del Cañón durante la caminata de vuelta, donde
el cielo era azul y el paisaje despejado. Así es la montaña, una maestra hermosa
pero
muy dura. Una de sus enseñanzas en todo esto fue que el plan no hace a la vida
si no que la Vida hace al plan.